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ENTREVISTA CON DARREN LEVINE (parte 1)

LA HISTORIA NO CONTADA- PRIMERA PARTE
Texto original: Kerry Kirk para Kravology.com
Traducción: Anastacia Astafieva para Krav Maga Worldwide Spain
Kerry Kirk a Darren Levine: “Sé que estás muy ocupado con los recientes tiroteos que han afectado oficiales de la unidad SWAT, así que gracias por encontrar tiempo para esta entrevista. Me intrigó la historia de Krav Maga y tu papel en ella, y me gustaría compartir algo de ello con nuestros lectores”.
Kerry Kirk: ¿Cómo encontraste el Krav Maga?
Darren Levine: En realidad, no encontré el Krav Maga. El Krav Maga me encontró a mí. Hubo un filántropo llamado S. Daniel Abraham que vivió tanto en los Estados Unidos como en Israel. El tubo la idea de difundir el Krav Maga entre la población de los EE. UU. mediante sinagogas, escuelas, iglesias y programas educativos (a modo de regalo entre la cultura israelí y los Estados Unidos) ya que Israel tenía mucha experiencia en seguridad y había diseñado un sistema de entrenamiento y defensa personal propio.
Abraham estaba impresionado por el Krav Maga y apoyaba con pasión las fuerzas armadas del estado de Israel. Creía que el hecho de presentar el Krav Maga al mundo haría para Israel lo mismo que el Tae Kwan Do hizo para Corea del Sur: incitar el interés por el país y su cultura; y demostrando que el gobierno israelí hacia cosas buenas, productivas y que se preocupaba por la seguridad en todo el mundo.
Así pues Abraham formó una delegación en 1981 y empezó una gira por los Estados Unidos con el fin de encontrar candidatos para participar en un programa de verano. Durante esa gira encontraron a gente de las ciudades más grandes, menos Los Ángeles. En aquella época yo tenía experiencia en boxeo y karate y estaba enseñando educación física en la escuela Heschel Day School. Allí me encontró la delegación. Fue en Mayo o en Junio cuando me pidieron participar en el programa. Me hice parte de la delegación y así es como me fui a Israel.
K: ¿Qué edad tenías?
D: 21 años.
K: Describe tu relación con Imi. ¿Cómo os conocisteis?
D: Imi no hizo mucho entrenamiento físico durante ese curso inicial, en ese momento tenía 71 años. Pero vino a pasar tiempo con nosotros y miró los entrenamientos haciendo
comentarios, proponiendo correcciones y dando instrucciones. Era meticuloso sobre los puntos docentes que quiso que entendiéramos, incluso cuando esos puntos diferían de los que nos proporcionaban los instructores del curso. No era tímido para participar de este modo.
Durante los entrenamientos hacíamos combates, pero el equipamiento que nos daban los organizadores del curso era bastante malo. Nos hacía tanta falta el equipamiento de protección que nuestros combates tenían ciertas reglas, la más fundamental de las cuales era no pegar en la cabeza. En una ocasión me tocó luchar con una persona muy bien preparada la cual logró darme una patada en la cabeza para luego golpearme en la ingle, el día siguiente acabé yendo a visitar al doctor pero para mi sorpresa el conductor de Imi vino a recogerme del lugar donde entrenamos y dijo: “Señor Imi quiere que le lleve a hacer diagnóstico”. Tal y como me imaginaba, el resultado fue perfecto.
Cabe destacar que el centro de entrenamientos estaba en el búnker de Beach Hotel, en la ciudad israelí de Netanya. Entrenábamos 6-7 horas diarias con un descanso, y luego más horas de entrenamiento por la noche. Hacíamos esto seis días por semana durante seis semanas, y además yo hice una semana adicional. Después de la revisión en el despacho del médico, Imi me llevó a una cafetería, donde yo no paraba de pensar que tenía que volver a los entrenamientos. Netanya es una ciudad mediterránea muy bonita; y la cafetería preferida de Imi se llamaba Ugati. Me llevó allí a las 10:00 de la mañana, y no salimos de ahí hasta las 17:00. A esa hora me llevó a su casa para cenar con su esposa, y luego me llevó a mi hotel.
La mañana siguiente, cuando estaba desayunando en el hotel, el conductor de Imi dijo que él me estaba esperando fuera. Cuando salí, Imi me dijo que quería llevarme otra vez al médico, y le respondí que me encontraba bien y que el médico lo confirmó el día anterior. Me respondió que quería asegurarse de que estaba bien y me llevó otra vez a la revisión. Me estaba muriendo por dentro, porque cuando haces un curso intensivo de seis horas de entrenos diarios, en esas horas se abarca mucho material, y ya perdí todo el segundo día del curso. No quería perder más y atrasarme del programa.
Así pues, el tercer día me llevó otra vez al mismo coffee shop y me habló sobre su percepción de Krav Maga y cómo quiso que se enseñara: repitió sus opiniones una y otra vez. Me parecía que lo que decía era una redundancia, pero no era verdad: lo que estaba haciendo era comunicarme la esencia de Krav Maga. Al final del día le dije: “Imi, no quiero faltarte al respeto, pero tengo que volver a los entrenos”. Se inclinó atrás en su asiento, puso la mano a la barbilla, me señaló y dijo: “Ahora mismo ya estás entrenando”. Dijo esto y se quedó en silencio.
En este momento hubo alguien más con nosotros, un sargento mayor del ejército que estaba a cargo de los entrenamientos de Krav Maga. Más tarde ese sargento me dijo: “No tienes ni idea de la suerte que te ha tocado de estar aquí en esta silla y recibir este tipo de preparación”, y entonces empecé a entenderlo.
Luego Imi me dió una bandeja de frutas para llevar, ya que no teníamos comida en las habitaciones del hotel.
Y así es como apareció nuestro vínculo. Imi incluso intentó llevarme consigo el día siguiente, pero le dije que tenía que volver al curso. Me miró durante el entreno y vino a otros eventos sociales, así que pasó mucho tiempo conmigo. Estaba interesado en mi familia y mis experiencias.
K: ¿Cómo terminó ese programa de intercambio? ¿Obtuviste el título de instructor en aquel momento?
D: Al final del curso habían tres grados de premios basados en cómo había pasado la prueba cada uno de los participantes, y no todos obtuvieron resultados buenos.
Solo hubieron tres o cuatro personas que aprobaron con éxito y cada uno de ellos fue a una pequeña habitación con los instructores e Imi. Cuando fui yo a esa habitación, Imi estaba sentado en el escritorio, me senté delante de él y recibí tres diplomas: el diploma del cinturón (el más alto fue el cinturón verde); también recibí el diploma de la Asociación de Krav Maga y diploma del Ministerio de Educación de la universidad de Wingate. Todos esos diplomas eran de profesor y explicitaban lo que podía enseñar.
Cuando Imi me dió los diplomas, dijo: “Un día estarás a cargo de Krav Maga en los Estados Unidos”. No le pregunté en voz alta, pero estaba pensando: “¿Qué?”. Él prosiguió: “Si me invitas a Los Ángeles el verano que viene, haré un salto hacia ti” (el término de Imi para hacer viajes por el mundo). Cuando salí del entreno, me estaba preguntando si había hecho tal oferta a otros participantes también: no lo sabía.
K: ¿Imi hizo algún “salto” a Los Ángeles?
D: Antes de irme de Israel nos cambiamos de números de teléfono y estuvimos en contacto durante todo el año. Ciertamente, vino y hicimos un campamento de verano de cuatro semanas en Los Ángeles. Imi vivía en mi casa y cada día entrenaba conmigo y con algunos de los que ahora son los instructores más importantes que conocemos en el país. Ellos tenían entre 10 y 12 años en ese momento, como Michael Margolin, Marni y John Pasqual. Toda esa gente estaba en ese primer campo de entrenamiento, aprendiendo Krav Maga de un Grand Master.
Este verano Imi también pasó mucho tiempo con mis padres. Madrugábamos para ir a dar clases (ese campo de verano era de aproximadamente 6 horas por día, 6 días por semana), y luego Imi e yo entrenábamos más en las horas de noche.
Impartíamos cursos para adultos, y él hizo exhibiciones para las fuerzas de la armadas —en ese momento Imi tenía 72 años—. Fue una experiencia fenomenal. En ese momento ya sabía que era algo especial, pero no me daba cuenta hasta qué punto.
K: ¿Cómo evolucionó vuestra relación durante ese verano, en particular cuando quedó en casa de tu família?
D: Imi paso una cantidad de tiempo desmesurada con mis padres. Mi madre (Shirley) era una pedagoga célebre en Los Ángeles e incluso hizo giras por el país. Era la directora de Heschel Day School. Mi padre (Arnold) e Imi realmente se entendían muy bien. Imi adoraba a mi padre —y a mi madre también—.
Imi y mis padres se quedaban hablando hasta las tantas, bebiendo cava y comiendo fresas hasta las 02:00 de la madrugada. ¡Y no exagero! Imi preguntaba muchas cosas sobre mi, sobre mi hermano, mi hermana, mi tío y primos. De verdad quería sumergirse en la família, y lo consiguió. Fue un verano increíble para todos nosotros.
Un punto que hay que entender es que nunca tuve un abuelo, ambos murieron antes de que yo naciera.
Ya que Imi pasó tanto tiempo conmigo y con mi familia, se convirtió en el abuelo que nunca tuve.
Era un hombre muy sabio, muy dócil en su manera y muy poderoso en otras maneras: muy apuesto y muy mundano. Le encantaba bailar. A menudo íbamos a los restaurantes rusos donde se bailaba, y él pasaba la noche entera bailando. Bebíamos chupitos de vodka, él sin esfuerzo alguno aguantaba mucho más que yo en mis 22, y seguía bailando. Se deslizaba por la pista de baile, y todos observaban como bailaba.
K: Parece que ese verano fue verdaderamente espectacular. Durante ese tiempo, ¿pasaste la prueba de Imi?
D: Durante ese verano en Los Ángeles, Imi hacía sparrings conmigo para prepararme para el examen del cinturón azul. Pasamos todo el tiempo dando clases juntos, entrenando juntos; y me hizo el examen del cinturón azul, pero en la mitad de la prueba me paró y me dijo: “No pasas”. Nos sentamos para hablar y me quedé muy decepcionado. No era por el cinturón: sentía que estaba decepcionando a él.
En cualquier caso, no pasé la prueba del cinturón azul. Estaba decepcionado, pero me dijo que no tenía porqué: “El cinturón azul de Krav Maga significa que eres el cinturón negro de defensa personal”.
K: ¿Habían algunos otros instructores que Imi incluyó durante tu entrenamiento?
D: Sí, el verano siguiente (1983) me fui a Israel para entrenar con Eli Aviksar, Eyal Yanilov y Sarge Barack que acabaron con cargos de coronel de todos los entrenamientos del ejército israelí.
En cualquier caso, casi cada día entrenaba con Imi en un estudio, y en ese momento él tenía 73 años de edad. Por cierto, era bastante pequeño, pero sabía muy bien lo que hay que hacer y cómo hay que manejar su peso. Era un hombre fenomenal que tenía energía, balance y forma extraordinarios.
K: ¿Puedes recordar algún período específico cuando entrenaste con Imi y que sigue muy presente en tu mente?
D: Recuerdo una vez cuando entrenábamos con él en Israel, estábamos practicando los caballeros (luxaciones). Le vencí con un caballero y le lesione el hombro. En mi mente, estaba tan impresionado con su presencia física, que realmente no no me di cuenta que estaba luchando contra un hombre en sus 70. La gente que protegía a Imi me dijo: “¿En qué estabas pensando? Eres un chico jóven y fuerte combatiendo contra un hombre muy mayor”. Me sentí mal. Les dije que cuando estaba en el tatami, no parecía un hombre mayor, y se rieron porque entendían perfectamente lo que les estaba diciendo. Imi seguía diciendo cosas como “¡Va, a por mi! ¡A por mi! ¡Hazlo! ¡Hazlo!”. Lo hice, pero por accidente le lesione el hombro. Para concluir el viaje, me hizo una prueba doble de los cinturones azul y marrón. Pasé los dos exámenes.
K: ¿En sus 70 Imi seguía con Krav Maga? Debía ser muy atlético.
D: Cierto. Creo que a la edad de 19 participó en los campeonatos de Europa y Checoslovaquia de wrestling, boxeo y gimnástica —tres deportes distintos—.
Ya que era gimnasta, bailarín, acróbata, boxeador y wrestler, su vida entera se trataba del movimiento. Podía hacer la transferencia muy elegante de un movimiento al otro para poner a prueba el balance, la coordinación y la fuerza de su rival. Diseñó el Krav para que la gente pudiera obtener un nivel alto de una forma rápida. No diseñó un simple sistema para el ejército, sino que también todo un sistema de movimientos tácticos (por ejemplo, cómo saltar sobre muros y mantener un perfil bajo).
Tenía una forma de pensar muy crítica, con una factibilidad y una simplicidad elegante. Imi aportó una cantidad de cosas tremenda. No quería que la gente hiciera más de lo necesario para hacer daño a cualquiera, con la excepción del campo de batalla. El campo de batalla era algo diferente.
Era una persona muy humanista y muy apolítica. Una parte de él no soportaba la política, a pesar de que su papel en las fuerzas armadas fue, en cierto modo, muy político. Política: es lo que acabó matando su espíritu al final.
K: Vi una foto antigua en la cual sales con Imi y llevas el cinturón negro, mientras que Imi no lleva ningún cinturón. ¿Es verdad que te dió su cinturón negro?
D: Para ser sincero, no recuerdo si fue su cinturón en esa foto en particular, pero sí, la historia es cierta. El año en que recibí el cinturón negro fue especial. No esperaba hacer la prueba. De hecho, ese año, cuando me fui a Israel, más que nada trabajaba en la reorganización del sistema de Krav Maga en el sentido de regular qué técnicas se utilizan y dónde. Francamente, Eyal Yanilov y yo fuimos los que desarrollamos gran parte de lo que es el sistema de entrenamiento moderno publicado. Nuestra labor acabó siendo publicada en un libro que tenía recopilado todo el sistema. Esto llevó mucho tiempo y esfuerzo.
Pero volviendo a la pregunta inicial, acabé haciendo la prueba del cinturón negro y la pasé con éxito. Habían otras personas entrenando allí, otros miembros de la delegación de los EUA que siguen enseñando Krav Maga hoy en día. Hicimos una cena antes de irnos todos a casa. Durante esa cena, Imi desapareció en algunos instantes, y cuando volvió, estaba en la punta de la mesa. Dijo algunas cosas bonitas sobre mi, y luego de repente se quitó su cinturón negro y me lo ofreció. Me dijó que había pasado la prueba y me premió con su cinturón negro. Ya no era de un color negro profundo, más bien tenía un tono cenizo por el desgaste del tiempo. Me pasó su cinturón genuino.
K: ¿Cómo te sentiste en ese momento?
D: No me parecía muy real, pero recuerdo la reacción de Alex Feldman que estaba sentado cerca de mi. Dijo: “¿Puedes creer esto que te acaba de pasar?”. Otros instructores de Krav Maga que estaban en la cena y que habían pasado unos 20 o 30 años con Imi nunca habían visto tal gesto por su parte.
K: ¿Fuiste allí la mayoría de los veranos, o solo algunos años particulares?
D: Depende. O era Imi el que venía a verme y hacíamos cursos aquí en EE. UU., o Eli , o Eyal Yanilov o también era yo el que me iba allí. No se trataba de viajes de tres días, sino más bien visitas de 4-6 semanas en las cuales lo único que hacía es entrenar para Krav Maga 6 días por semana.
K: ¿Durante cuántos años hiciste los viajes a Israel?
D: Hasta 1998, el año en que murió Imi.
K: Es una serie de eventos increíble. Me gustaría preguntarte sobre tu diploma del fundador y cómo la obtuviste.
D: En los últimos años de su vida, Imi estaba obsesionado con el tema de acabar su libro, y Eyal Yanilov con el editor hicieron una gran parte del trabajo para ello. Yo estaba en Israel, y lo único que hice fue básicamente estar o bien en mi cuarto de hotel, o bien en el piso de Eyal, revisando el sistema de los cinturones y del entrenamiento que Imi aprobó posteriormente. Eyal y yo acabamos el libro con la colaboración de Imi: quedábamos con él para hablar sobre cada detalle, y él decía que es mejor poner esto de esa forma o de esa otra. Yo hice la gran parte de redacción para que tuviera sentido en inglés.
Ni yo, ni Imi sabíamos hebreo. Él sabía muchísimas lenguas, pero no hebreo.
En el momento en que por fin acabamos una gran parte del libro, para ser sincero, no llevaba muchas horas de entrenamiento. Simplemente estaba trabajando en el libro. Durante todo el viaje lo único que hacía era escribir y revisar cada día sin parar.
K: Vale. ¿Esta contribución fue lo que te trajo el diploma del fundador?
D: Podría ser un factor, pero eso pasó más adelante. Justo antes de la muerte de Imi, hubo una lucha considerable entre las personas que querían ser sus sucesores. Todos luchaban por su atención. Era algo feo, era algo vergonzoso, algo desagradable. Solo hubieron unas cuantas personas que no lo hacían, y tendrán mi respeto por siempre más. Eli Avikzar dejó Krav Maga por todo el tema de la política y fundó otra organización, Eli nunca presionó a Imi para nada.
En todo caso, creo que Imi estaba jugando con la idea de quién se iba a quedar después de él con un cierto grado de reconocimiento, gente que, en su mente, hizo la mayor contribución en el desarrollo de Krav Maga. Así pues otorgó los diplomas de fundadores a Eyal Yanilov y a mi.
Curiosamente, no creo que solo fueramos Eyal y yo. Personalmente creo que Imi iba a dar ese diploma a dos personas más, simplemente murió antes de poder hacerlo. No sé si Eyal estaría de acuerdo con esto, pero basándome en muchas conversaciones con él, tengo la impresión que Imi iba a nominar una, o quizás dos personas más.
K: Parece que Imi era un hombre único y pensativo.
D: Sí, lo era. Tenía una colección de cuchillos en su piso. Cada año intentaba traerle algún cuchillo nuevo especial para añadir a esa colección. También tenía una colección impresionante de arte africano, incluyendo lanzas y cuchillos, unas piezas realmente fabulosas. Me explicó cómo logró poseer esos objetos. Formaba parte de una delegación que viajó a Etiopía en los años 60 para entrenar sus fuerzas armadas.
Unas cuantas personas de esa delegación acabaron con títulos de ministros de defensa y primeros ministros de Israel. Imi impresionó tanto a Haile Selassie, el rey de Etiopía en aquel momento, que Selassie le invitó a quedar en su palacio de verano. Haile Selassie le dió todos esos regalos —máscaras africanas y otros artefactos— y era muy generoso con él.
Los generales y otros estaban en un campamento pequeño con tiendas de campaña, mientras Imi estaba en un palacio. De verdad que era una situación peculiar, pero así era Imi. Atraía a las personas.
K: Ciertamente, parece que Imi tenía una personalidad “magnética”. También has dicho que era diligente y dedicado a los entrenamientos. ¿Puedes compartir alguna historia para ilustrar esto?
D: Sí. En el piso de Imi, debajo de la cama de su dormitorio había cajas con miles de sus imágenes de sesiones de fotos para manuales, artículos, ejército; fotos de la asociación. Miles de fotos, ¡lo juro!
Hacia final de la vida de Imi, sentábamos en su cama y pasaba por cada foto conmigo. Por cada foto me decía: “¿Ves esto? Esta mano no debería estar aquí, tampoco debería estar aquí. Esto es por qué es un error, eso es por qué ya no lo hacemos. Esto es lo que deberíamos hacer ahora”.
Quiero decir, pasaba horas y horas y horas así. Sus capacidades físicas se veían afectadas, pero seguía siendo un instructor espectacular en las imágenes. Recuerdo pensar sobre esas cosas y tomar notas. Aún tengo aquellas notas sobre esos puntos en los que tanto insistía Imi. Miramos probablemente unas mil fotos, y podía pasar unos diez minutos hablando sobre una sola imágen.
Luego me decía: “Levántate, que te lo enseño”, y lo demostraba conmigo.
Daba para escribir un artículo entero sobre una sola imágen.
K: Sabía que eras un amigo cercano de Imi, pero no me daba cuenta de la cantidad de tiempo que pasasteis juntos. ¿Cómo caracterizarías vuestra relación?
D: Imi era mi amigo íntimo, y él decía lo mismo sobre mi. Bastante pronto me di cuenta de que me llamaba justo en los momentos cuando estaba pensando que hacía una semana o así que no oía nada de él, y cuando yo le llamaba, decía que justamente me iba a llamar. Aún recuerdo su número: es 5336107.
Hablábamos, teníamos discusiones, y éramos amigos íntimos. A decir verdad, creo que mucha gente tenía envidia de la nuestra relación. Cuando quedaba en nuestra casa, decía: “Siento que tu casa es mi casa”.
Mis padres eran mucho más jóvenes que Imi, tenían aproximadamente 20 años menos. Él decía: “Sé que esto va a ser un sinsentido para todos, pero siento que tus padres son mis padres”. Nunca acababa de entender esto, pero él solía hablar sobre sus valores, sus creencias políticas y cómo educaron a sus hijos; sobre sus opiniones acerca de cómo vivir para hacer que este mundo sea mejor. De verdad que los quería.
Pues cuando se habla de família, siento que formaba parte de mi familia. Sé que me quería. Lo sé. En algunos sentidos, creo que casi era más cercano a mis padres. Pienso que me quería porque heredé de ellos sus valores y ética de trabajo. Esto es la mejor manera de decirlo.
K: No creo que alguien pusiera alguna vez en duda tu ética de trabajo, Darren. Trabajar durante la noche entera es algo normal para ti. Entonces, ¿cuando entendiste que querías hacer Krav Maga toda tu vida? ¿Fue algo que evolucionó, o hubo algún momento en que se te “encendió la bombilla”?
D: Me acuerdo perfectamente de ese momento. En mi primer viaje en 1981, la mayoría dejó a medias el curso inicial. Habían personas escogidas por la delegación que no pintaban nada en el curso, era muy exigente. Yo tenía experiencia en fútbol, lucha, artes marciales, pero pensaba que entrenar en Israel era algo del otro mundo en lo que se refiere al aspecto físico. Siempre era del estilo “vamos a enseñar a esos americanos blandos”. Me acuerdo que sacaba fotos de mi abdomen porque estaba lleno de moretones. Toda mi piel era marrón con matices de amarillo y negro. Nos repartían golpes sin piedad, y no tenían ningún tipo de equipamiento para nosotros. Nuestros “escudos” eran fundas de almohadas repletas de trapos. El equipamiento no era una prioridad en esos tiempos: estamos hablando del año 1981, estaban en guerra.
K: Sí, la Primera Guerra del Líbano. Vaya tiempo para viajar a Israel, siendo un hombre jóven. ¿Y en ese tiempo entendiste que Krav siempre iba a ser una parte de tu vida?
D: Sí, después de haber estado unas semanas en Israel. Me acuerdo que después de una sesión de entreno en la cual nos habían dado una buena paliza, yo estaba ante nuestra habitación del hotel, que no era lejos de la playa. Oía la música israelí, y me dí cuenta que quiero a Israel, y que Krav Maga siempre será una parte de mi. Me vino tal cual: “Nunca dejaré de hacer esto”. Era la manera de pensar y la lógica detrás del sistema de Krav Maga; sentía que nací para hacerlo. En ese momento —después de 3 o 4 semanas de entrenamientos— entendí que era algo que haría siempre. No tenía ninguna duda de que esto iba a ser tremendamente exitoso, porque sabía que tenía pasión para eso. No sentía que había algo que no podía hacer, porque tenía ese nivel de dedicación.
En esos momentos no pensaba mucho sobre eso, pero después de haber dado cursos en los Estados Unidos junto a él, empecé a considerarlo. Me sentía muy cómodo y muy natural explicando las técnicas y la lógica de Krav Maga que hay detrás.
Esto es lo que me frustra hoy en día: toda esa gente que enseña Krav Maga sin saber cómo hay que pensar. Si Imi pudiera ver lo que están haciendo con el nombre de Krav Maga, en serio, se giraría en su tumba. Lloraría, porque lo que veo tantas veces por Internet, es una antítesis de Krav Maga. Es una antítesis del concepto de hacer lo más simple y eficaz para eliminar el peligro. Se está convirtiendo en un show que da énfasis a cosas que nunca funcionarían y pone en peligro a las personas a las cuales se supone que enseñamos los conocimientos de defensa personal.
Es muy triste para mi que hay muy poca gente en el mundo que respeta el sueño de Imi y toda la integridad que tuvo. Integridad personal e integridad en cuanto a su deseo de diseñar un sistema efectivo. Ahora todos llaman “Krav Maga” a lo que están haciendo, y podría ser otro sistema perfectamente, porque esto no es KravMaga. No lo es lo que están enseñando, no lo es en absoluto. No lo digo para criticar a los demás, lo digo porque Imi tenía una integridad tan enorme que solo incluía en el sistema las cosas que se demostraron efectivas en el campo de batalla.
Imi insistía en los movimientos simples, fáciles de aprender y recordar en una situación de estrés; y si no le entendías, y si no te enseñaba la manera de pensar, no serías capaz de analizar qué estás haciendo. Simplemente no sabrías si la técnica realmente forma parte del sistema de Krav Maga o no. Es vergonzoso que la gente tienda a pensar que como más vistosa es la técnica, más… bueno… da igual.
¿Puedo contar una historia breve?
K: Sí, claro.
D: Nos fuimos a una exhibición en honor de Imi, organizada por Dennis Hanover. Imi recibió un premio, y todos los cinturones negros más expertos estaban allí. Dennis tenía alrededor de 300 personas allí, y eran personas inteligentes. Imi estaba sentado en el centro de la sala, mirando la exhibición de los mejores. Alguien hizo la defensa contra el cuchillo, y ese hombre bloqueó y luego agarró el brazo del agresor para tomar el control sobre él. Luego le dió una patada, luego otra en la cabeza; le tiró al suelo, le giró y le pisó la cabeza con el talón. Le dió unas cuantas patadas más en la cabeza, luego saltó en el aire y le hizo una palanca del brazo… para romperlo.
Todos aplaudían. Luego preguntaron a Imi lo que pensaba sobre esa técnica. Sabía lo que él iba a decir. Dijo: “Es un chico muy dotado”. Ese hombre tenía entre 30 y 40 años y lo único que demostró es que era un chico muy dotado. Imi le llamó “chico”. A ver, ¿qué significó eso, que “es un chico dotado”?
Imi no quería mentir, pero ellos insistían. Le preguntaron si tenía algunas dudas, e Imi replicó que sí, que tenía una duda. “¿Por qué has roto el brazo de un hombre muerto?” Esto era Imi.
K: Sí. Lo comprendo.
D: ¿Por qué has roto el brazo de un hombre muerto? Y en esto se está convirtiendo Krav Maga alrededor del mundo. Esto, lo que tenía… el poder hacer un comentario para expresarse delante de 300 personas provenientes de un sistema distinto. Y no dijo ni una sola palabra hasta que le preguntaron y le presionaron, solo entonces expresó lo que pensaba. Desde mi punto de vista… así es como Imi pensaba. La mayoría de gente no piensa de esta forma. Algunas personas que se hacen llamar instructores de Krav Maga realmente hacen cosas muy locas, como romper los brazos de las personas muertas. Y hacen los mismos errores de otras formas. Perdieron la idea del sistema de Krav Maga. La perdieron.
Esto realmente arruina su pureza y significado, no tiene nada que ver con Krav Maga. Imi quería que la gente fuera capaz de defenderse y adaptarse con la velocidad, potencia y eficiencia máximas. Esto es lo que quería.
Proximamente publicaremos la segunda parte de esta entrevista exclusiva con el poseedor del diploma de fundador e Instructor Jefe de los EE. UU., Darren Levine.